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Página:La bolsa de huesos - Eduardo L. Holmberg.pdf/30

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Aún no veo nada, y si usted se anticipa de ese modo, me va á hacer prejuzgar.»

—«Pero esto me extraña mucho. ¿Usted metido en esta clase de averiguaciones?»

—«Y ¿por qué no? ¿No le parece que, para usted, por el momento, es infinitamente mejor que sea y no la Policía quien ande en ellas?»

—«Pero, para mí, es absolutamente lo mismo.»

—«No lo pongo en duda.»

—«Y esto ¿tiene alguna proyeccion policial?»

—«¿Proyeccion policial? ¿Qué tiene que ver la Policía con las novelas que yo escribo?»

—« Pero, ..... no comprendo.»

—«Justamente; porque usted crée que es una pesquisa, y no es más que una novela.»

—«¿Y los datos recogidos?»

—«Son los que dan verdad á la cosa. Si llego á un desenlace, la publico; si nó, la dejo apolillar ó la quemo.»

—«¿Y á esto llama usted sentimentalismo?»—preguntó.

—?«Sí, toda vez que usted no insista en que es policial.»

—«Pero, en todo caso, yo siempre podré probar, con más de cien testigos, que los huesos que usted recibió eran de un estudiante, en cuya mesa de trabajo los han visto casi todos los días.»

—«Pero, señor ¿quién lo duda?»

—«Es que todo lo que usted ha referido me ha