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Página:La bolsa de huesos - Eduardo L. Holmberg.pdf/24

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Media hora mas tarde, Manuel penetraba en ml escritorio, cuyas puertas cerré.

—«Aquí tiene usted,»—le dije, despues de saludarlo cordialmente,—«un esqueleto. Se trata de un jóven de 24 años próximamente. Necesito que usted me estudie este cráneo.»

Diez minutos despues de examinarlo, me dijo:

—«Aquí veo la destructividad y el espíritu analítico muy desarrollados; la prudencia, la veneracion ..... »

—«No me diga parte por parte lo que encuentra. Lo que yo necesito es que me exprese de una manera categórica y terminante de quién era ese cráneo.»

—«Este cráneo era de un estudiante de Medicina ó de un médico de vocacion.»

—«Muy bien; vamos á ver otro.»

El frenólogo quiso darme algunas explicaciones.

—«Es inútil»—le observé—«serán observaciones perdidas, porque, en este momento, no debo distraer con ellas los rumbos de mis facultades.»

Tomamos un carruaje, y dimos al cochero la direccion del Doctor Pineal.

Algunos minutos despues tocábamos un timbre eléctrico.

—«El Doctor ha salido; pero ya vuelve—«dijo la criada.

—«¿No dejó nada dicho?»

—«Sí, señor; que si usted venía, le hiciera entrar.»