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Página:La bolsa de huesos - Eduardo L. Holmberg.pdf/17

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II.


EL FRENÓLOGO.

Jamás había pensado que un esqueleto pudiera tener tanta influencia en mi carácter, siquiera fuese por algun tiempo. Pero la sombra de aquel jóven me perseguía, como si yo hubiera tenido alguna parte en su triste suerte, y no sólo me asaltaban dolorosas reflexiones cuando me encontraba en el escritorio, cerca de sus huesos, sinó tambien fuera de allí, y áun durante los sueños.

En el curso de mis estudios me fué necesario consultar cierta obra de que carecía. Faltaba tambien en la Biblioteca Pública, en el Museo, y en los gabinetes de las Facultades, y sólo una casualidad me permitió revisarla. Un joven médico, amigo mio, la citó en cierto artículo que publicó en un diario, y ésto me hizo pensar que él la tendría. Inmediatamente fui á visitarle, y al poner mi tarjeta en manos de una criada que salió á recibirme, ella me dijo que el Doctor saldría dentro de