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Página:La bolsa de huesos - Eduardo L. Holmberg.pdf/12

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No soy supersticioso; aunque á veces, por dar gusto á los homeópatas, cuando como rabanillos, ó alguna otra legumbre que contiene azufre, se despierta en mi cerebro una idealidad extraña que se parece por algo al misticismo, y me salta en la memoria, como una liebre forforescente, aquella estrofa de Echeverría:

Las armonías del viento
dicen más al pensamiento
que todo cuanto á porfia
la vana filosofía
pretende altiva enseñar.

Nunca he aprendido nada en el rumor del viento; pero la fantasía goza sin duda al modelar imágenes sutiles y graciosas, despertadas por una música tan vaga como intraducible.

De todas maneras, aquel misticismo no tiene nada de hostil.

Si se apodera del ánimo cuando estoy escribiendo, mayor es el placer que experimento al pensar en Castellano, leo en voz alta lo que va naciendo en el papel, y me parece más dulce, se me ocurre que las figuras son más blandas, y que la imaginacion se pasea como entre una nube de criaturas etéreas, hadas ó silfos, que se bañaran en un ambiente de transparencias irizadas.

Gemía, pues, el viento en la ventana, y su canto gratísimo acompañaba, por decirlo así, la descripcion