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Página:La bolsa de huesos - Eduardo L. Holmberg.pdf/11

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reconoce con facilidad que las mariposas y los picaflores no tienen ninguna intervencion en ella, y que, si alguna vez se nombran, se debe á las exigencias de una ornamentacion que no daña, como sucede con ciertos lunares traviesos, junto á ciertas bocas del género confite.

Regresaba, pues, de un viaje.

Al dia siguiente recibí una cartita de Alberto en la que me anunciaba el envío de la bolsa de huesos, y como la carta y la bolsa se acompañaban, vinieron ambas á mi poder al mismo tiempo.

Tratándose de huesos humanos, de propiedad de un estudiante, y más aún, en el momento en que organizaba las colecciones y manuscritos de viaje, para entregarme á las tareas de gabinete, poco era el interés que me inspiraban, así es que coloqué la bolsa, sin abrirla, en un rincon del escritorio, y la carta en un cajon de la mesa de escribir.

Durante algunas semanas estudié y escribí con entusiasmo. La mayor parte del material se había distribuido en buenas manos de especialistas, yo determinaba lo que me correspondía en la division del trabajo, y los manuscritos avanzaban.

Algunas veces, á causa de las manipulaciones microscópicas, ó por necesidad de cambiar de postura, despues de dos ó tres horas de estar escribiendo, levantaba la cabeza y veía la bolsa en el rincon; pero lo hacía con indiferencia, y sin que despertara en mí otra cosa que el recuerdo de su orígen.