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Página:La bolsa de huesos - Eduardo L. Holmberg.pdf/101

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—«¿De modo que si mañana yo debiera jurar que era un vértigo.... ?»

—«Júrelo; y si ha de caer una maldicion, ahora ó despues, caiga sobre mí, que la recibiré sin temor al perjurio.»

Antes de formular un juicio sobre tus semejantes ¡oh paciente lector! examina tu conciencia, y, si no eres médico, no formules nada, porque las neurosis no tienen explicacion, ni tienen principio ni fin; son como la Eternidad y el Infinito; y si á todo trance quieres limitarlas, imagínate que comienzan por la permutacion de un complejo indefinible, se desarrollan sin conocimiento del origen, y terminan cuando terminan .... porque sí.

Esto, y muchas otras cosas que podrían ser tan razonables como la mayor parte de nuestras reflecciones cuando no tenemos cosas mas graves de qué ocuparnos, me distrajo el pensamiento, pero no los ojos.

¿Y cómo era posible?

Aquella mujer tan !inda, que por vez primera comtemplaba; que no volvería jamás á ver, penetraba en mis pupilas como rayos de una luz para siempre; como la evocacion de una imágen complementaria y soñada que iba á perderse en el crepúsculo en que se confunden las últimas realidades de los ensueños.

Tomé una de sus manos, blanda y tibia, y la miré en el fondo de los ojos.