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CAPÍTULO XV.

4 Llegados á Jerusalem, fueron bien recibidos de la Iglesia, y de los apóstoles, y de los presbyleros, y allí refirieron cuán grandes cosas habia Dios obrado por medio de ellos.

5 Pero (añadieron) algunos de la secta de los Fariseos, que han abrazado la fé, se han levantado diciendo: Ser necesario circuncidar á los gentiles, y mandarles observar la Ley de Moysés.

6 Entonces los apóstoles y los presbyteros se juntaron á examinar este punto.

7 Y despues de un maduro exámen, Pedro, como cabeza de todos', se levantó, y les dijo: Hermanos mios, bien sabeis que, mucho tiempo hace fuí yo escogido por Dios entre nosotros, para que los gentiles oyesen de mi boca la palabra evangélica, y creyesen.

8 Y Dios que penetra los corazones, dió testimonio de esto, dándoles el Espíritu santo, del mismo modo que á nosotros.

9 Ni ha hecho diferencia entre ellos y nosotros, habiendo purificado con la fé sus corazones.

10 Pues ¿por qué ahora quereis tentar á Dios, con imponer sobre la cerviz de los discípulos un yugo, que ni nuestros padres ni nosotros hemos podido soportar?

11 Pues nosotros creemos salvarnos únicamente por la gracia de nuestro Señor Jesu-Christo, así como ellos.

12 Calló á esto toda la multitud; y se pusieron á escuchar á Bernabé y á Pablo, que contaban cuántas