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CAPÍTULO XVI.

4 El tercer ángel derramó su taza sobre los rios, y sobre los manantiales de aguas, y se convirtieron en sangre.

5 Aquí oi al ángel que tiene el cuidado de las aguas, que decia: Justo eres, Señor, tú que eres, y has sido siempre santo, en estos juicios que ejerces;

6 porque ellos derramaron la sangre de los santos y de los Profetas, sangre les has dada á beber; que bien lo merecen.

7 Y á otro, oi que decia desde el altar: Si por cierto, Señor Dios todopoderoso, verdaderos y justos son tus juicios.

8 El cuarto ángel derramó su taza en el sol, y dióse le fuerza para afligir á los hombres con ardor y con fuego;

9 y los hombres, abrasándose con el calor excesivo, blasfemaron el nombre de Dios que tiene en su mano estas plagas, en vez de hacer penitencia para darle gloria.

10 El quinto ángel derramó su taza sobre la silla ó trono de la bestia; y quedó su reino lleno de tinieblas, y se despedazaron las lenguas en el exceso de su dolor:

11 y blasfemaron del Dios del cielo por causa de sus dolores y llagas; mas no se arrepintieron de sus obras.

12 El sexto ángel derramó su taza en el gran rio Eupbrátes; y secó sus aguas, á fin de abrir camino á los reyes que habian de venir del oriente.

13 Y ví salir de la boca del dragon, y de la boca