Página:La Sagrada Biblia (XIV).djvu/45

Esta página ha sido corregida
37
CAPÍTULO VIII.

16 porque aun no habia descendido sobre ninguno de ellos, sino que solamente estaban bautizados en nombre del Señor Jesus.

17 Entonces les imponian las manos, y luego recibían al Espíritu santo de un modo sensible.

18 Habiendo visto pues Simon, que por la imposicion de las manos de los apóstoles se daba el Espíritu santo, les ofreció dinero,

19 diciendo: Dadme tambien á mí esa potestad, para que cualquiera á quien imponga yo las manos, reciba al Espíritu santo. Mas Pedro le respondió:

20 Perezca tu dinero contigo, pues has juzgado que se alcanzaba por dinero el don de Dios.

21 No puedes tú tener parte, ni cabida en este ministerio, porque tu corazon no es recto a los ojos de Dios.

22 Por tanto haz penitencia de esta perversidad tuya; y ruega de tal suerte a Dios, que te sea perdonado ese desvarío de tu corazon.

23 Pues yo te veo lleno de amarguísima hiel, y arrastrando la cadena de la iniquidad.

24 Respondió Simon, y dijo: Rogad por mí vosotros al Señor, para que no venga sobre mi nada de lo que acabais de decir.

25 Ellos en fin, habiendo predicado, y dado testimonio de la palabra del Señor, regresaron a Jerusalem, anunciando el Evangelio en muchos distritos de los samaritanos.

26 Mas un ángel del Señor habló á Phelippe, di-