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CAPÍTULO IV.

14 No os escribo estas cosas, porque quiera sonrojaros, sino que os amonesto como á hijos mios muy queridos.

15 Porque aun cuando tengais millares de ayos ó maestros en Jesu-Christo, no teneis muchos padres. Pues yo soy el que os he engendrado en Jesu-Christo por medio del Evangelio.

16 Por tanto os ruego que seais imitadores mios, así como yo lo soy de Christo.

17 Con este fin he enviado á vosotros á Timotheo, el cual es hijo mio carísimo, y fiel en el Señor; para que os informe de mi proceder ó manera de vivir en Jesu-Christo, conforme á lo que yo enseño por todas partes en todas las Iglesias.

18 Algunos sé que están tan engreidos, como si yo nunca hubiese de volver á vosotros [1].

19 Mas bien pronto pasaré á veros, si Dios quiere, y examinaré, no la lábia de los que andan así hinchados, sino su virtud.

20 Que no consiste el reino de Dios, ó nuestra religion, en palabras, sino en la virtud [2] ó en buenas obras.

21 ¿Qué estimais mas? ¿que vaya á vosotros con


    gentiles á sus dioses para expiar las iniquidades del mundo, y aplacar la cólera del cielo: ved cuánto va de nposotros á vosotros.

  1. Y reprimir á los orgullosos que perturban esa Iglesia.
  2. Matth. VII. v.21.