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CAPÍTULO III.

Christo, es para todos y sobre todos los que creen en él; pues no hay distincion alguna entre judío y gentil;

23 porque todos pecaron, y tienen necesidad de la gloria ó gracia de Dios.

24 Siendo justificados gratuitamente por la gracia del mismo, en virtud de la redencion que todos tienen en Jesu-Christo,

25 á quien Dios propuso para ser la víctima de propiciacion en virtud de su sangre por medio de la fé, a fin de demostrar la justicia que da él mismo, perdonando los pecados pasados,

26 soportados por Dios con tanta paciencia, con el fin, digo, de manifestar su justicia en el tiempo presente: por donde se vea como el es justo en sí mismo, y que justifica al que tiene la fé de Jesu-Christo.

27 Ahora pues ¿donde está ¡oh judío! el motivo de gloriarte? Queda excluido. ¿Por qué Ley? ¿por la de las obras? No, sino por la Ley de la fé [1].

28 Así que concluimos, ser justificado el hombre por la fé viva, sin las obras de la Ley.

29 Porque en fin ¿es acaso Dios de los judíos solamente? ¿no es tambien Dios de los gentiles? Sí por cierto, de los gentiles tambien.

30 Porque uno es realmente el Dios que justifica


  1. Largo no teneis de qué gloriaros, pues á vosotros y á los gentiles, á todos os justifica Dios igualmente por la fé; no por las obras que prescribe vuestra Ley, hechas con las fuerzas naturales, y que solamente las prescribe, pero sin dar virtud para ejecutadas, Véase Ley, .