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LA ISLA DEL TESORO

hombre, con una pluma en la mano, puede hacer por vía de práctica ó de entretenimiento. Una de las frases escritas era la misma que el Capitán llevaba en los dibujos indelebles de su brazo “Caprichos de Billy Bones.” Luego se leía esto: “Maese W. Bones, piloto,” “No más rom,” y “Cerca de Punta de Palma lo hubo” y algunos otros motes y palabras sueltas, en su mayor parte ininteligibles. No pude prescindir de que se excitara mi curiosidad pensando quién sería el que lo hubo y qué fué lo que hubo. Lo mismo podía tratarse de una buena estocada en la espalda que de otra cosa cualquiera.

—No sacaremos de aquí gran cosa en limpio, dijo el Doctor volviendo la hoja.

Las diez ó doce páginas siguientes estaban llenas con una curiosa serie de entradas. En la extremidad de cada una de las líneas se veía una fecha, y en la otra una suma de dinero, como en los libros de cuentas comunes y corrientes; pero en vez de palabras explicativas, sólo se encontraba un número variable de cruces entre una y otra. En la fecha marcada 12 de Junio de 1745, por ejemplo, se veía claramente que la cantidad de setenta libras esterlinas se debía á alguno, y no se veían sino seis cruces para explicar la causa ú origen de la deuda. En algunos lugares, para mayor seguridad, se añadía el nombre de algún lugar como “Á la altura de Caracas,” ó bien una mera cita geográfica de latitud y longitud como, 53° 17´ 20” y 19° 2´ 40”.

Aquel memorándum duraba muy cerca del espacio de veinte años, aumentando, como era natural, el guarismo total, á proporción que el tiempo avanzaba, hasta que al último se veía un gran total sumado, después de cuatro ó