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I—EL HUERTO DE LAS HESPERIDES

Madre, colgad de un sauce la lira, de vientos y huracanes á merced, que ya no danzaremos más á la deleitosa sombra; no enraméis nuestros tálamos con hojas de mirto, que ¡ay! allí, para darnos su ósculo, la muerte nos aguarda.—


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