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X—LA NUEVA HESPERIA

Les da para cuna la concha de Venus,
que tarde y mañana los Céfiros mecen:
los tiestos, que el alba corona de rosas,
ya forman jardines.


De Arabia con flores los viste y perfuma:
de Europa con aves, de Libia con palmas,
alegra sus playas, que cinto más ancho
á la espuma roban.


Tres eran los tiestos, tres fueron las islas;
y al verlas ahora, del sol embeleso,
las llama á sus brazos por hijas la tierra,
pero el mar las quiere.


 Atraido por el melodioso canto, Baleo, desde la margen del Turia, dirige su vela hacia Mallorca, de honderos cuna. Si acabado el cántico viniese una nube de piedras, bien pudiera Alcides llorar la infausta suerte de otro de sus hijos.


Mas pulsa en su barca las cuerdas de la lira, y de las manos se escurren los guijarros y las hondas; y, ofreciéndole por asiento sus férreos brazos, traspórtanle junto á un claper, sepultura de gigantes.