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IX—LA TORRE DE LOS TITANES

Y que, airados, rompen á veces con estruendo, á empellones y golpes, aquellas osamentas que el abismo, harto ya de cadáver atlántico, vomitó, mientras muerden el dardo del Eterno que allí los clava.


Estremécense las Canarias, Madera y Azores, no pudiendo resistir los esfuerzos de los Titanes; como truenos infernales, percíbense á la vez soterráneos alaridos y la fulgurante respiración de fragua ciclópea.


Semeja entonces el hórrido volcán, pira de huesos, de carros y armaduras, alzada por el spulturero sobre cerros boca abajo, trozos de la escala por la que los hijos de Lucifer subían á los cielos.


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