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XXXII
BIOGRAFÍA

aquella casa, colmena de obreros, i sus propiedades ya valiosas. Hemos encontrado en la Curia de Santiago un documento del cual consta que él fué quien mandó sacar del Mapocho el canal de la Punta, que riega todavía este predio, i para costear esta obra fuéle preciso ceder cuarenta cuadras, en canje por el rasgo del terreno, i vender otra suerte de tierras, a razon de ocho pesos cuadra, en 1666.

En cuanto a su escursion a Juan Fernandez, parece que Rosales fué el que desparramó por su mano en aquel suelo feraz las primeras semillas de árboles i de legumbres europeas, asi como fuera Juan Fernandez quien llevara a sus montes, cual Noé, la única pareja de cabros de que provinieron las manadas, entre las cuales, ciento i cincuenta años mas tarde, Alejandro Selkirk (Robinson Crusoe) elejia los compañeros de su soledad, como a su turno fueron éstos i sus crias los que, mas tarde, deleitaron con su sabrosa carne las cansadas tripulaciones del comodoro Anson, cuando bloqueó, en 1740, las costas de Chile. Rosales dice en su Historia que las cabras asolaban los bosques cuando él los visitó, devorando su corteza.

LII.

El viaje a Chiloé fué probablemente solo una prolongacion del de Juan Fernandez, i en aquel archipiélago arrostró el animoso monje las privaciones i peligros a que su ardor infatigable de apóstol i misionero le encaminaban. "Acontecióme, dice el mismo, (yendo a visitar aquella provincia) haber pasado muchos mares i golfos en estas piraguas, i en una punta hallar el viento tan contrario i el mar tan encrespado, que, para no perecer, hube de salir de la piragua i con toda la jente caminar dos leguas a pié por la playa del mar" [1].


LIII.

Da fin en esta parte la vida de Diego de Rosales como sacerdote, como misionera i como soldado, en cuya larga carrera brilló con honra su capacidad, su virtud, i para decir la palabra mas exacta, su heroismo.

Cábenos ahora decir una última palabra sobre su existencia i sus trabajos como historiador, tarea ménos ímproba i harto mas breve que aquella, porque es el privilejio de los hombres de fuerte i elevada intelijencia dejar la huella de su propia vida, de su carácter i hasta de sus pasiones en las propias pajinas que como enseñanza i acopio de sabiduría legan a la posteridad.

LIV.

Descúbrese, en efecto, al través de la estensa i luminosa crónica a que esta reseña biográfica sirve de portada, que Diego de Rosales sentía la vocacion de historiador desde sus primeros años, porque no solo se preparaba a los arduos empeños de esa


  1. Historia, L. I, cap. XXXI, páj. 176 del presente volúmen.