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XXVI
BIOGRAFÍA

XXXV.

Hubo momentos en que no obstante estos socorros providenciales faltó el plomo en los baleros. Ocurrióse en tal apuro a la plata del servicio del castellano del fuerte, i cuando ésta se hubo agotado, el padre Rosales, convertido en un verdadero Pedro el Hermitaño de aquella defensa contra los infieles, echó en las ascuas de la fragua los vasos sagrados, rasgo verdaderamente sublime de responsabilidad enrostrada al cielo por un monje en aquella tenebrosa edad i en aquel preciso sitio.

XXXVI.

Pero no solo dió el valeroso misionero a los soldados la plata de los altares para fundir balas, sino que, desencuadernando los misales i hasta sus libros de cuotidiana devocion, hizo de ellos petos i corazas para los combatientes, todo lo cual mandóle abonar el rei por una cédula de enero de 1661, que orijinal existe en la Curia de Santiago.

XXXVII.

Con estos arbitrios verdaderamente dignos de la antigüedad sostúvose la plaza de Boroa durante todo el invierno de 1655, estacion dura en demasía en aquellas latitudes. Con la primavera vinieron refuerzos a los araucanos, trayendo, segun Carvallo, el cacique Lebupillan (Rio del demonio) ochocientos jinetes para apretar el cerco. Mas, todo vino sin fruto para los sitiadores, i fué contra aquel capitan bárbaro en cuyo daño i destruccion usó el capitán Aguiar el ardid de los cañones ocultos bajo el pasto que dejamos recordado. Traicion contra traicion. Esa es i ha sido eternamente la guerra de Arauco.

XXXVIII.

Habian los indios echado tambien mano de un cruel apremio que recuerda el duro lance de Guzman el Bueno, porque llevaron hasta la palizada como rehenes al bravo capitan Juan Ponce de Leon, amenazando con degollarlo si los sitiados no enviaban uno de los padres para tratar de su rescate. Por salvarlo espuso jenerosamente su vida el padre Rosales, que, no obstante de conocer a fondo la perversa duplicidad de los indíjenas, salió solo del fuerte i se metió entre ellos.—"I una vez que yo salí, cuenta el mismo Diego de Rosales en la vida ya varias veces citada de su valeroso compañero el padre Francisco Astorga, a hablar con los caciques que vinieron a tratar de paces, aunque con finjimiento, con ánimo de cojerme i luego dar un asalto, me libró Dios por las oraciones del padre Astorga i por haber tenido al Señor descubierto miéntras estaba hablando con ellos, porque aunque habian dado de rehenes dos indios, miéntras estaba hablando con ellos, sin hacer caso de los rehenes, me querian cojer i