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DE LA VOLUNTAD
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A

QUELLA noche, despues que su novio,— el rico y fastuoso negociante en coches,— se hubo despedido con la habitual reverencia glacial y exacta de siempre, Lidia había quedado pensativa,junto á la mesa del comedor, frente á la estufa, donde ardía, chisporroteando y estallante, el generoso coke.