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Mr. Borrow no se ha circunscrito á elogios. En 1857 vertió al caló de España el evangelio de San Lúcas con rara y gramatical precision; y si, para ser mejor entendido de los rudos é iletrados gitanos, prefirió conservar en su versión algunas palabras castellanas del padre Scio, en vez de parafrasearlas ó formar otras con las raíces del caló, vale esto mucho más que la literatura y poesía que los aficionados al gitanismo cultivaron en Andalucía á principios del presente siglo.

En efecto, introdujéronse barbarismos que revelan, no sólo ignorancia de los fundamentos del idioma gitano, sino de otros idiomas, no ya el árabe ó el griego, pero ni áun siquiera el latín; y eso que entre los tales aficionados se contaba al fraile agustino Manso de Sevilla y vários monjes de la cartuja de Jerez, quienes, por la famosa yeguada que criaban en los herbajes de su convento, se hallaban en frecuente trato con los primeros chalanes gitanos de toda la Andalucía.

Los gitanos españoles tienen su poesía peculiar improvisada al rasguear de sus guitarras, y reducida generalmente á simples cuartetas, que, si no aparecen siempre irreprochables por las ideas que expresan, es quizá porque se les aplica cierta severidad sin discernimiento de una moral mal entendida. Esas cuartetas quedan impresas en la memoria de los oyentes, y muchas de ellas han recorrido de boca en boca todas las provincias de España.

No así la poesía de que ántes hemos hecho mencion, y á la que aplicamos con Mr. Borrow el calificativo de espuria, pues áun cuando haya obtenido los honores de la circulacion escrita, y áun impresa, los verdaderos gitanos no la entienden, ó la entienden difícilmente, y quizá, quizá, muchos de los aficionados al gitanismo, muchos de esos andaluces que, hacien-