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mas, entre Jaraicejo y Trujillo, á varias personas y frailes, y comídose sus miembros asados y condimentados. El juez que en 1629 ejecutó esta proeza y otras por el estilo se llamaba Don Martin Fajardo.

Y no solamente en Extremadura. Iguales ejecuciones tuvieron lugar en Guadix de gitanos caníbales, que ejercian en Sierra de Gador su industria de sorprender al viajero, matarle, dividirle en cuartos, curar los trozos al aire libre, tostarlos , aderezarlos y comerlos en gran festin.

Esa acusación de canibalismo contra los gitanos fué muy general en Europa, y ha durado hasta fines del siglo último. La Gaceta de Francfort hace relacion en 1782 de várias ejecuciones horribles de pobres gitanos seudo-antropófagos. Decapitaron á las mujeres y quebrantaron los huesos ó descuartizaron á los hombres en número de cuarenta y cinco, mientras esperaban su suerte en los calabozos otros cientocincuenta gitanos. Esto bajo el reinado de la emperatriz María Teresa.



  Seria imposible referir todas las absurdas acusaciones dirigidas contra los gitanos. Sin salir de España, una de las más singulares es la mencionada por Córdoba en su Didascalia de que, pocos años antes (escribia en 1615), habiendo estallado la peste en la ciudad de Logroño, invadieron los gitanos la poblacion en medio del conflicto, y la hubieran saqueado á no haber encontrado prevenidos á sus habitantes (¡moribundos!) por aviso de un cierto librero que habia mantenido antiguas misteriosas relaciones con la horda de caníbales.....

Preciso era sostener vivo ese espíritu de acusacion para que en cada reinado se renovasen las leyes de opresion y perseguimiento.

Cuando Felipe II regresó á España de los Paises-Bajos, y celebró en Toledo sus bodas con Isabel de