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FÁBULA V.
las preocupaciones pervuerten el juicio.
Un charlatan y un rústico.

Suelen los hombres engañarse por pasion, y cuando mas se obstinan en mantener su errado dictámen, verse obligados con la evidencia de la verdad á retratarle.

Queriendo un hombre rico y noble celebrar una fiestas, convidó con premios á todos, para que cada uno trajese la invencion que pudiese. Concurrieron los diestros á la fama de este certamen, entre los cuales un truhan bien conocido por su gracejo, dijo, que él sabia una habilidad, que nunca se habia representado en el teatro. Esparcida esta voz, conmuévese la ciudad. Faltan ya para el gentío los asientos poco antes desocupados. Pero luego que apareció en el teatro solo, sin aparato, sincompañía, la misma espectacion puso á todos en silencio. En esto bajó la cabeza al pecho, y remedó tan al vivo el gruiiido de un lechoncillo, que todos porfiaban sobre que le ocultaba con la capa y le mandaban que la sacudiese. Hecho esto y no hallando; nada, le colman de