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FÁBULA IV.
el necio piensa, que él solo lo acierta.
Fedro á los censores de sus fábulas.

Tú, que maligno censuras mis escritos, y te desdeñas de leer este género de cuentos, ten un poco de paciencia con este librito, en tanto que sereno el ceño de su frente, y sale al tablado Esopo en nuevo coturno.

Ojalá, que nunca los pinos de Tesalia hubieran caido á golpes de hacha en la cumbre del monte Pelio: ni Argos ayudado de Palas, para una empresa tan arriesgada á una muerte cierta, hubiera fabricado aquella nave, que fue la primera, que descubrió las nunca vistas ensenadas del Ponto, para ruina de los griegos y de los bárbaros. Pues llora aun el palacio del poderoso Æeta, y los reinos de Pelias estan asolados por la maldad de Medea; la cual paliando su genio cruel con varios artificios, en una parte facilitó su fuga con esparcir los despedazados miembros de su hermano, en otra hizo, que las hijas de Pelias manchasen sus manos con la muerte de su padre. ¿Qué te parece, va bueno? Eso tambien me respondes, es cosa insulsa y falsa; porque Minos, mucho mas antiguo,