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FÁBULA XVI.
se debe estimar el árbol por el fruto, no por las hojas.
Los árboles escogidos por los dioses.

Antiguamente los dioses escogieron los árboles que querían tomar debajo de su proteccion. La encina agradó á Júpiter; el arrayan á Venus, el laurel á Febo, el pino á Cibeles y el álamo elevado á Hércules. Admirada de esto Minerva preguntó: ¿por qué escogian los árboles estériles? Júpiter dió la razon: porque no parezca que venemos el fruto por el culto, que se nos da en ellos. Por cierto, replicó Minerva: cada cual diria lo que gustare; á mí me agrada mas el olivo por su fruto. Entonces el padre de los dioses y criador de los hombres, esclamó así: ¡Ó hija mia! con razon te llaman todos la sábia; pues, si no es útil lo que hacemos, vana es nuestra gloria.

Esta fábula enseña á no hacer cosa, que no sea de algun provecho.