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desarrollo de sucesos de los cuales fueron á lo más ocasión, engaño lamentable; considerar disposiciones ineludibles ó fortuitas como causa de luctuosas catástrofes, desconocer en absoluto las profundas leyes por que se rige la Historia. He aquí el verdadero origen de los yerros cometidos al juzgar al Conde-Duque.

Atiéndese sólo á que en su tiempo amengua por doquiera el poderío español y se desmorona la inmensa Monarquía de los Reyes Católicos, y achácase exclusivamente á Olivares la causa de tanta desdicha, como si la suerte de las naciones dependiera tan sólo de la buena estrella de un general ó de un ministro. Fuerza es que ahondemos algo más en el estudio del estado moral y material en que se hallaba entonces nuestra patria, si hemos de inquirir con algún éxito las causas de nuestras rotas continuas. Busquemos en el Conde Duque la ocasión en último caso; pero al exigir responsabilidades, repartamos con cierto espíritu de equidad los reproches.