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Más arbitraria y sobre todo más absurda parece la segunda de las acusaciones formuladas contra la egregia Viuda de Luis XIII. El proceder ulterior de la Regente basta para refutar las viles calumnias dirigidas á la Reina. La mujer durante cuyo turbulento gobierno suscribió España la paz que le arrebató el Rosellón y el Artois, pudo desdeñar las infames suspicacias de los que un tiempo la juzgaron traidora. Española por el nacimiento y más todavía por el carácter, vencieron no obstante siempre en su ánimo bien inclinado los deberes de madre á la voz de los recuerdos de la niñez; y su patriotismo, tal vez no espontáneo pero en todo caso tenaz é incorruptible, pudo avergonzar al Parlamento y á los revueltos Proceres cuando el uno negaba los subsidios necesarios para defender el honor nacional y conspiraban los otros con la Corte de Madrid, ansiosos de derribar de su puesto á Mazarino.

Los amores del Cardenal con la Reina no