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de Austria en su calidad de española á las murmuraciones de la Corte y del pueblo francés. La hermosura del cuerpo y la vivacidad del espíritu de la Reina contrastaban, por otra parte, de tal suerte con las escasas dotes físicas é intelectuales de su esposo, que daban ya por sí solas suficiente pábulo á sospechas ofensivas. La antipatía invencible que por Richelieu sintió siempre Ana excitó naturalmente los odios de aquel absorbente Ministro, cuyo talento fecundo halló pronto armas incontrastables para combatir á la altiva Soberana. No fué difícil á Richelieu presentarla ante los súbditos del Rey Cristianísimo ciegamente enamorada del Embajador Buckhingam ó bien en tratos secretos con España en perjuicio de los intereses de su patria adoptiva. La fábula y la novela han hallado en los supuestos devaneos amorosos de la Madre de Luis XIV manantial inagotable de inspiración; pero la Historia no ha podido en verdad hallar dato alguno contundente que los compruebe y afirme.