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para nosotros de infausta memoria, no tuvo nunca semejanza alguna con el Duque de Parma ni con el Imperial Bastardo.

Fatigado el Imperio de la sangrienta guerra que devasta su territorio, anhela por otra parte, sinceramente la paz; y como todas las circunstancias concurren á su celebración inmediata, la fortuna depara á Mazarino la gloria de recoger en Westfalia los lauros de Richelieu su maestro; pero en cambio en el interior del Reino tendrá que derrochar la habilidad y las astucia de que le dotó la Providencia y le será seguramente más fácil desbaratar una trama europea que una conjura cortesana; le costará menos trabajo acallar las pretensiones de un Soberano hostil que las procaces invectivas de un vasallo de alta alcurnia; y no le causará tanta inquietud la amenaza de un Embajador extranjero como la ironía de una Duquesa del Faubourg [1]

  1. Llámase asi en París por antonomasia al Faubourg de San Germán, habitado por la más linajuda nobleza de la vieja Monarquía.