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angustiosa y molesta para Francia en que Richelieu la hallara en el día en que empuñó con mano vigorosa las riendas del gobierno. Durante la Regencia de María de Médicis, aunque decadente ya el poderío español, apenas da visibles señales de abatimiento. Todavía los Tercios viejos, vencedores de los Valois y de los Herejes de Holanda, deciden la suerte de las batallas campales y rechazan con heroísmo el ímpetu de las legiones de Gustavo Adolfo y el ardimiento habitual de los ejércitos franceses. Aún el segundo Gonzalo de Córdoba, el Marqués de Leganés y el Cardenal Infante Don Fernando conquistan imperecedera fama en los campos europeos, mientras Wallenstein, los dos Piccolomini y Tilly contribuyen con su denuedo y pericia á sostener el crédito de Españoles é Imperiales.

Al subir Mazarino á las alturas del poder el orden de cosas ha cambiado notablemente. De los capitanes españoles y austríacos victoriosos en anteriores campañas sólo queda el