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mayor elogio. Su carácter, en apariencia débil, no lo es en realidad. Fué constante en sus miras y no es la constancia patrimonio de espíritus apocados. Si cedió algunas veces con visos de pusilánime, antes fué la causa de sus aparentes sumisiones la perspicacia que la cobardía. Si abandonó otras el puesto del peligro fué acaso porque sabía cuan profunda sentencia es aquella que dice que gobernar es transigir. Transigió Mazarino como seguramente hubiera Richelieu transigido á haber gobernado en país extraño en vez de gobernar el propio; á haber nacido de familia modesta en vez de nacer de conspicuo linaje; á haber tenido, en fin, por solo amparo, en vez de á un Rey ya provecto, á un coronado infante bajo la tutela de una mujer cuya altivez española y cuya hermosura peregrina provocaban de continuo desaforados ataques á la majestad del Solio.

¡Gran ejemplo brinda la historia de Mazarino á quien dude del influjo que ejercen las