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LA SOMBRA DEL ALA
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SOMBRA DEL ALA


Tú que piensas que no creo
cuando argüimos los dos,
no imaginas mi deseo,
mi sed, mi hambre de Dios;

Ni has escuchado rai grito
desesperante, que puebla
la entraña de la tiniebla.
Invocando al infinito;