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CRÓQUIS FUEGUINOS

Cuando cerró la noche, los dós jefes mineros emprendieron el regreso al campamento, cargado cada uno con una damajuana de guachacay, una botella de snáp y la promesa, ardientemente acogida, de que en la noche siguiente iriamos á comer con ellos un cabrito y á avisarles el lugar donde plantaríamos nuestras carpas.

Y Smith, que era hombre previsor, dispuso que Osear y La Nodriza se quedaran de guardia toda la noche, turnándose, yá que sus cuerpos no tenían la fatiga de los nuestros.

—¡Oh! ¡oh!.... Un minero es capáz de hacer por el guachacay lo que no haría por todo el oro del mundo!