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XXIV.

Témpanos

No conozco los lagos de la Suiza ni los fjörds de Noruega sinó por referencias, pero dudo que ellos, sólos ni reunidos, puedan competir como pintorescos con el Canál del Beagle, en el camino de Ushuwáia al Mar Argentino.

Aquí, montañas caprichosas y cubiertas de resquebrajaduras sombrías, en cuyos fondos brillan con los rayos del sól, reflejados sobre las neveras, imponentes, cascadas torrentosas y mansos arroyitos que serpean entre bosques tupidos y vienen á morir mansamente en aguazales irisados, que, filtrándose por entre la hojarasca, cáen al mar en lágrimas silenciosas, chorreando desde lo alto de las barrancas á pico que parecen barnizadas; más allá, peñascos como de pórfiro unas veces y como de azabache otras, que semejan ora el arco quebrado de un pórtico inmenso, ora una ojiva atrevida, que es como la ventana monumentál de un castillo ruinoso, ora una torre almenada ó un torreón derruido, más léjos, una roquería plana, encerrada en una orla de espuma y cubierta en toda su extensión de pengüi-