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nosotros es hacer lo que nosotros les digamos y oírnos y ponerse a nuestras órdenes y al servicio de nuestros intereses. Nada más. Hoy por hoy, ésta es la única manera como podemos entendernos. Más tarde ya veremos. Allí trabajaremos, más tarde, juntos y en armonía, como ¡Escoja usted señor verdaderos hermanos. ¡Escoja usted!. Benitas!. . Un silencio profundo guardaron los tres hombres. El herrero y el apuntador miraban fijaEl mente a Benites, esperando su respuesta. agrimensor seguía meditabundo y agachado. El peso de los argumentos de Huanca le estaban

trayendo por tierra. Ya no podía. Ya se sentía casi vencido, por mucho que no alcanzaba a explicarse esa su testaruda inclinación de ahora hacia la causa de los indios y peones. No se daba cuenta Benites, o no quería darse cuenta, de que si ahora estaba con esos dos obreros en el rancho, era sólo porque había caído en desgracia con los yanquis y con "Marino Hermanos". ¿Cómo no tuvo antes lástima de los obreros y yanaconas, cuando era agrimensor de la "Mining Society" y alternaba, en calidad de amigo, con místers Taik y Weiss? Tipo clásico del pequeño burgués criollo y del estudiante peruano, dispuesto a todas las complacencias con los grandes y potentados y a todos los arribismos y cobardías de su clase. Leónidas Benites, al perder su puesto en las minas y verse arrojado de los pies de sus patrones y cómplices, cayó en el abatimiento moral inmenso. Su infortunio era tan completo, que se sentía el más pequeño y desgraciado de los hombres. Vagaba ahora sólo y como un sonámbulo cada día más escuálido y timorato, por los campamentos obreros y por los roquedales de Quivilca. Por las noches, no podía dor-