Página:El museo universal 1 de febrero de 1868.pdf/8

Esta página no ha sido corregida


desarrollo adquirirá el sistema nervioso, preponderante en todas las mujeres, en la que se permita la hombrada de añilarse en el genus irritabile vatum!

O el marido, si llega á tenerlo, es de esos de pelo en pecho, inaccesibles á los versos y á la prosa cuando se trata de mantener ilesa la autoridad de su sexo, en cuyo caso ó se divorcia de ella antes de haber llegado á su ocaso la luna de miel, ó la encierra en un convento al primer pretesto plausible de que puede asirse, o distrae de su capital una pequeña cantidad para proveerse de una vara de dos cuartos;

O bien es una alma paccha ó alma de cántaro, un marica, un mandria, que abdica completamente en la mujer sus facultades, y en este caso pasa la pena negra, devora en silencio sus amarguras, y se va al otro mundo avergonzado del ridículo papel que ha tenido que desempeñar en éste.

En cuanto á la belleza física, que es la que mas importa, porque, á mas de ser con frecuencia una copia en caracteres gráficos y tangibles de la belleza moral, es la que generalmente engendra el amor en el corazón del hombre, ya que no sea la que lo sustenta; la belleza física, que es casi siempre la que inicia la pasión, por ser ella la que obra sobre los sentidos, y en el alma como en la inteligencia nihil datur qund prius non fueril in sensu; la belleza física no sufre ningún deterioro con el cultivo de la literatura.

Entendámonos, no sufre ningún deterioro no siendo la literatura que se cultive una literatura profunda y trascendental, encaminada a descubrir ó propagar una gran verdad, á corregir en cada época los vicios y los abusos que en ella predominan, á esparcir alguna nueva semilla de progreso en el campo del porvenir, ó bien á amenizar los ásperos senderos de la ciencia, ó, cuando menos, á peñerar con el escalpelo de la meditación en tel corazón humano para sorprender y espresar sus sentimientos mas íntimos.

Pero la literatura, tal como la mayor parte la cultivan;

La literatura, que no se para en general mas que en la forma, que se reduce toda ella á hablar al oído, sin decir nada nuevo ni nada importante al corazón y á la inteligencia, que no tiene ninguna tendencia filosófica, ningún objeto social, que no abre á la humanidad ningún horizonte desconocido;

La literatura, que, en lugar de procurar destruir las raices de preocupaciones añejas, se pone con frecuencia al servicio de los que de ellas se alimentan, y si alguna vez se permite atacar algún vicio ó algún abuso, no hace mas que remedar con unos cuantos gestos á tal ó cual literato de otros tiempos; La literatura, de cuyos cultivadores en general pudiera decir Rossini lo que de un famoso compositor, en cuyas obras encuentra mucho bueno y mucho nuevo, sólo que lo bueno que encuentra en ellas no es nuevo y lo nuevo que encuentra en ellas no es bueno;

La literatura, que, tal como se cultiva generalmente en algunos países, donde los sastres y zapateros se llaman artistas cuando hasta los literatos deberían en su mayor parte llamarse artesanos, es una arte puramente plástica, mas mecánica que liberal;

La literatura, tal como se cultiva generalmente, puede ser cultivada por las mujeres, sin que se espongan á que el arado de la meditación surque su frente, ni á que encima de sus arcos superciliares se manifieste, por el desenvolvimiento escesivo de las abolladuras frontales, la especie de K griega que, según Lavater, es característica de los grandes pensadores.

Bien puede redondear un período, que es á lo que se reduce lodo el trabajo de casi todos los prosistas, la que sabe festonear un pañuelo; bien puede casar consonantes, míe es a lo que se reduce todo el trabajo de casi todos los poetas, la que sabe casar colores al bordar las zapatillas de cañamazo que ha pensado regalar á su papá el día de su santo.

La literatura, tal como se cultiva en general, no debería ser cultivada por nadie, y en el caso de cultivarla alguien, no debían cultivarla mas que mujeres. Es un pasatiempo indigno de hombres, sobre todo en los periodos de trasformacion y palingenesia como el que atraviesa la sociedad actual, que reclama el vigoroso concurso de todas las inteligencias varoniles para salir del angustioso estado en que se encuentra.

La literatura actual es una puerilidad, un entretenimiento de chiquillos como los soldaditos de plomo. No tiene objeto. Dejémosla á las mujeres que no tengan otra cosa peor que nacer, para que se las pase el dia entre hacer versos ó prosa y regar los tiestos de los balcones.

Mas vale que escriban que no que caven. Entre las dos defecciones deben optar por la primera. La otra es una contra naturalidad, un crimen de leso sexo.

Un hombre, dando vueltas á una noria como un rocín, afectaría menos su propia dignidad que una mujer dedicada como un hombre á las rudas faenas agrícolas. Porque bajo el punto de vista de su aptitud para los ejercicios corporales, mas se parece el hombre al rocin que la mujer al hombre.

¡Y hay, sin embargo, localidades en Europa en que los hombres obligan á las mujeres a trabajar en el campo! ¡Si serán haraganes y egoístas! ¡Qué mengua para ellas, y sobre todo para ellos!

¿Qué hacen, pues, los nombres en esas desventuradas comarcas, mientras las mujeres aran y cavan? ¿Hilan? ¿planchan? ¿hacen calceta? ¿dan de mamar á los chiquillos?

Por repugnante que sea ver á un hombre con barbas ponerse detrás de un mostrador á despachar varas de cinta y madejas de seda, no lo es tanto como ver á una mujer que, condenada como un gañan á destripar terrones, encallece su epidermis, curte su tez, convierte en ásperas cerdas sus sedosos cabellos, vuelve turgentes sus venas como las de un atleta, y desprendiéndose, por el incesante juego de sus músculos que adquieren un desarrollo monstruoso, del tejido adiposo que redondea sus miembros y da morbidez á sus contornos, adquiere esas formas angulosas y secas que son propias de los mozos de cordel y de las bestias de carga. ¡Qué horror! ¡Y donde hay mujeres que manejan la azada hay hombres que manejan la aguja! ¡Y las mujeres llevan sayas y los hombres pantalones!

No concluyamos sin buscar una disculpa para esas estralimitaciones de los dos sexos. Hagámonos cargo de que en los paises en que la actividad humana encuentra difícilmente aplicación, cada cual se gana como puede, y no como quiere, su pan de cada dia.

A. RIBOT Y FONTSERÉ.


FILIPINAS.—UN MESTIZO DE MANILA.


AJEDREZ.

PROBLEMA NUM. 96,

POR D. J. TRUJILLO (MOGUER).

NEGROS.

BLANCOS.

LOS BLANCOS DAN MATE EN SIETE JUGADAS.


SOLUCION DEL PROBLEMA NÚM. 95.

BLANCOS

Hüf i lüP te i m k i |.; W9 mm mm ¡¡¡¡¡i ü¡ 6 ¿ ?) • WBm iSP mu minen*. 1." I> 6 I) 2." A 5 I) 3." T 8 T I) 4." T 8 R jaq. mate 1. P I P (A) 2. J I I A 3." Cualquiera.

(A)

1." 2. C t P jaq. 3." T.un 4." T t P R jaq.mat.

1. R t P 2. R juega. 3. Rjuega.

SOLUCIONES EXACTAS.

Señores A. Méndez, M. Lerroux y Lara, E. Diaz,: J. González, E. Castro,M. Rui/., J. Gómez, M. Zafra, G. Domínguez, D. García, J. Rex, J. Martínez, de Madrid.— M. Fontana, de Lorca.—Casino de artesanos de Moguer.

SOLUCIONES EXACTAS DEL PROBLEMA, NÚM. 94.

Señores E. Rodríguez, de Sevilla; M. Ruiz, de Barcelona; M. Fontana,.de Lorca,


GEROGLIFIGO.

La solución de éste en el número próximo.


DIRECTOR Y EDITOR RESPONSABLE D. JOSÉ GASPAR

IMPRENTA DE GASPAR y ROIG, EDITORES: MADRID, PRÍNCIPE, 4.