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EL JARDÍN DE LOS CEREZOS
Trofimof.

Pietcha Trofimof, el preceptor de su Grischa. ¿Tanto he cambiado? (Lubova le abraza y llora.)

Gaief.

Basta, Lubova, basta.

Varia. (Llorando.)

Yo le dije a usted, Pietcha, que aguardase hasta mañana.

Lubova.

Mi pobre Grischa, hijo mío... Grischa, mi adorado hijo...

Varia.

¿Qué hacer, mamá? Es la voluntad de Dios.

Trofimof. (Con ternura.)

La vida es así...

Lubova.

(Sollozando.)

¡Pobre hijo mío! ¡Ahogado! ¿Por qué...? Mas (Volviendo a la calma.) yo profiero exclamaciones y hablo a gritos, y Ania duerme. No hagamos ruido. Pero va-