Página:El ingenioso hidalgo Don Quijote del Mancha.djvu/356

Esta página ha sido corregida
230
DON QUIJOTE.

cho de vuestra merced redundara. —Eso juro yo bien, dijo el cura, y aun me hubiera quitado un bigote. —Yo callaré, señora mia, dijo Don Quijote, y reprimiré la justa cólera que ya en mi pecho se habia levantado, y iré quieto y pacífico hasta tanto que os cumpla el don prometido; pero en pago deste buen deseo os suplico me digais, si no se os hace de mal, ¿cuál es la vuestra cuita, y cuántas, quiénes y cuáles son las personas de quien os tengo de dar debida, satisfecha y entera venganza? —Eso haré yo de gana, respondió Dorotea, si es que no os enfada oir lástimas y desgracias.—No enfadará, señora mia, respondió Don Quijote. —A lo que respondió Dorotea, pues así es, esténme vuestras mercedes atentos. No hubo ella dicho esto, cuando Cardenio y el barbero se le pusieron al lado, deseosos de ver como fingia su historia la discreta Dorotea, y lo mismo hizo Sancho, que tan engañado iba con ella como su amo: y ella, después de haberse puesto bien en la silla, y prevenídose con toser y hacer otros ademanes, con mucho donaire comenzó á decir desta manera.

Primeramente quiero que vuestras mercedes sepan, señores mios, que á mí me llaman.... y detúvose aquí un poco, porque se le olvidó el nombre que el cura le habia puesto; pero él acudió al remedio, porque entendió en lo que reparaba, y dijo: No es maravilla, señora mia, que la vuestra grandeza se turbe y empache contando sus desventuras, que ellas suelen ser tales, que muchas veces quitan la memoria á los que maltratan, de tal manera que aun de sus mesmos nombres no se les acuerda, como han hecho con vuestra gran señoría, que se ha olvidado que se llama la princesa Micomicona, legítima heredera del gran reino Micomicon: y con este apuntamiento puede la vuestra grandeza reducir ahora fácilmente á su lastimada memoria todo aquello que contar quisiere. —Así es la verdad, respondió la doncella, y desde aquí adelanté creo que no será menester apuntarme nada, que yo saldré á buen puerto con mi verdadera historia: la cual es, que el rey mi padre, que se llamaba Tinacrio el Sabidor, fué muy docto en esto que llaman el Arte mágica, y alcanzó por su ciencia que mi madre, que se llamaba la reina Xaramilla, habia de morir primero que él, y que de allí á poco tiempo él también habia de pasar desta vida, y yo habia de quedar huérfana de padre y madre; pero decia él que no le fatigaba tanto esto, cuanto le ponia en confusión saber por cosa muy cierta que un descomunal gigante, señor de una grande ínsula que casi alinda con nuestro reino, llamado Pandafilando de la