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Quixote de la Mancha. 130 donde no, no ay fino rogarle, q̃ ablolutamẽte tenga miſericordia de mi alma, que yo no ſiento mi valor, ni fuerças para ſacar el cuerpo deſta eſtrecheza en que por mi guſto he querido ponerle. Eſta es ô ſeñores,la amarga hiſtora de mi deſgracia: dezidme ſi es tal que pueda celebrarſe con menos ſentimientos, que los que en mi aueys viſto, Y no os canſeys en perſuadirme, ni aconſejarme, lo que la razon os dixere que puede ſer bueno para mi remedio, porque han de aprouechar conmigo, lo que aprouecha la medicina recetada de famoſo Medico, al enfermo que recebir no la quiere. Yo no quiero ſalud ſin Luſcinda: y pues ella guſta de ſer agena, ſiendo, ò deuiendo ſer mia, guſte yo de ſer de la deſuentura, pudiendo auer ſido de la buena dicha. Ella quiſo con ſu mudança hazer eſtable mi perdicion: yo querrè con procurar perderme,hazer contenta ſu voluntad, y ſerà exemplo a los por venir, de que a mi ſolo faltó lo que a todos los deſdichados ſobra, à los quales ſuele ſer conſuelo lá impoſlsibilidad de tenerle, y en mas cauſa de mayores ſentimientos, y males, porque aun pienſo que no ſe han de acabar con la muerte. Aqui dio fin Cardenio a ſu larga platica, y tan deſdichada como amoroſa hiftoria. Y al tiẽpo que el Cura ſe preuenia para dezirle algunas razones de conſuelo, ſe ſuſpendio vna voz que llegò a ſus oydos, que en laſtimados acentos oyeron que dezia, lo que ſe dirá enla quarta parte deſta narracion, que en eſte punto dio fina la tercera el ſabio, y atentado hiſtoriador Cide Hamete Benengeli.

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