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oír estas palabras. El. "pope", no sabiendo qué contestar, se encasquetó el sombrero y se fué, muy contrariado.

Estaba.claro como la luz del día que el molinero había decidido substituir al judío Iankel..

Empezó a trabajar inmediatamente en este sentido. Se las arregló de tal forma, que los campesinos no hallaron nada que oponer a su proyecto de reemplazar Iankel en la taberna; en cuanto a las autoridades locales y las del distrito, supo el moliņero, por medio.de fina diploma—:

cia, ganar sus simpatías. Por fin, el negocio quedó hecho.

Terminados todos los trámites, fué a visitar la taberna. Allí, en el umbral, estaba Iarko, fumando su pipa. El molinero le hizo una señal con la cabeza, y el otro, a pesar de que era muy orgulloso, corrió en seguida a su encuentro.

—Bien, ¿qué es lo que dices ?—preguntó el molinero.

Yo no tengo nada que decirle. Prefiero esperar a que sea usted mismo el que me diga a mí algo.

} —No eres tan bruto, como creía.

Iarko no respondió nada, aunque hubiera podido encontrar palabras mordaces. Con su gorra en la mano, escuchó respetuosamente las instrucciones del nuevo amo.

—¡A sus órdenes, patrón!—dijo.

En una palabra: que el molinero se había convertido en el propietario de la taberna.