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III

Esta escena puso de muy mal humor al molinero.

"Las cosas no están bien arregladas en este mundo pensaba—. Uno tiene siempre enemigos, sin saber por qué." Ahora, la muchacha le había arrojado y le había llamado judío. “¡Anda, anda!

Si yo fuera judío tuviera dinero, hubiera arreglado mi vida de otra manera. ¿Qué vida es la mía, al presente? Trabajo todo el día en mi molino, duermo poco; muchas veces, ni tiempo tengo de comer como es debido, he de vigilar mi molino por todas partes para que no se pare y no me ocurra ningún contratiempo. Además, tengo que vigilar también al obrero; jamás puede uno fiarse de él; en cuanto ve que no estoy allí, corre inmediatamente detrás de las mozas... No, verdaderamente, la vida que llevo es una vida de perros.

Verdad es que desde la muerte de mi tío say algo, y hasta tengo un poco de dinero, pero... no es eso lo que hace feliz a un hombre. Por un miserable rublo se te insulta, se te maldice. Y luego es muy difícil rivalizar con el judío; éste amontona mucho más dinero. Un cristiano no amontonará tanto jamás. ¡Ah, si el diablo se llevara a Iankel!

Todo cambiaría. Todos los campesinos que necesitaran dinero para comprar cualquier cosa o para pagar la contribución, tendrían forzosamente que dirigirse a mí. Hasta podría entonces abrir una