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228 — Tratado de la Pintura

mismo modo. En segando lugar, con el velo se señalarán todas las partes del dibujo y todos los contornos con toda exactitud, porque viendo que en un cuadrito está la frente, en el de abajo la nariz, en el del lado la mejilla, y en el otro mas abajo la barba; y de este modo todas las demás partes colocadas en sus respectivos lugares; se puede con toda facilidad trasladarlas á la tabla ó pared, poniendo en ella igual división de cuadros (G). Últimamente este velo sirve de mucha utilidad y auxilio para dar perfección á la pintura: porque con él parecen los objetos no pintados, sino del todo relevados: con lo cual la misma experiencia puede manifestar con el auxilio de la razón lo mucho que aprovechará para pintar bien y con perfección. No soy del dictámen de algunos que dicen: no es bueno que los Pintores se acostumbren al velo ó á la cuadrícula; porque como esto facilita y sirve tanto para hacer bien las cosas, sucede que después no pueden ejecutar cosa alguna por sí solos sin este auxilio, sino á costa de grandísimo trabajo. Es evidente que nosotros no indagamos el mucho ó poco trabajo del Pintor, sino que alabamos aquella pintura que tiene mucho relieve, y que es sumamente parecida á los cuerpos naturales que representa. Esto no sé yo cómo lo podrá ejecutar ninguno, ni aun medianamente, sin el auxilio del velo. Sírvanse, pues, de él los que quieran aprovechar en el arte; y si algunos quieren sin él hacer alarde de su saber, deben imaginar que le tienen delante, y obrar como si realmente estuviera, para que con el auxilio de una cuadrícula imaginaria puedan señalar con exactitud los términos de la pintura. Mas como muchas veces sucede á los que tienen poca práctica que no distinguen con toda certeza los contornos y dintornos de las superficies; por ejemplo en un rostro, en donde apenas se conoce donde rematan