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cor contra aquel hombre que las llevó en su engaño a la renunciación de las apariencias sexuales, de ese mundo pulguiento el cual ellas bien sabían que era una farsa, y ellas, con el dolor de la ironía, contaban que al mundo externo lo llamaban puro.

La pulga filósofo que de pensar había botado todos los cabellos, dedujo que la libertad se encuentra dentro del desprendimiento de todas las conveniencias sociales: la libertad de la pulga llamada mala, porque renuncia a un cuerpo puro, así como se describe el cielo o el infierno, con gran claridad porque se es ciego de los ojos del cuerpo. También contribuyó a botarle el pelo al filósofo, cuando estimulaba pulguillas, en su rebelión contra el mundo, y llenas de indignación decían: “no me moleste usted más, no está usted viendo que yo soy una mujer como cualquier otra, tal vez mejor que muchas”.

Los vicios de lesbos y los socráticos, calculó el filósofo que hundían el alma, de allí despreciables, sin embargo, por lo incompletos, por lo contrariados le pareció que eran de los más crueles amores, pero siempre una degeneración moral y física, en tanto, que el amor normal llegaba a tener entre algunas pulgas,

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