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zapatos si no hubiese sido, porque Pascuala, le confesó todo su pecado. Ya en las pulgas se estilizaba la sinceridad y pertenecían a un club que se llamaba la Mujer Sincera. Es verdad que muchas de las pulgas tenían amantes, pero era porque algunas de las socias practicaban lo que se llama la sinceridad interior, que era ser honradas con los propios deseos.

Al zapatero se lo llevaron preso, y con ser simplemente el zapatero, notó que lo metían sólo en edificios grandes, de rejas por dentro, pero en realidad eran los más grandes y tal vez atractivos de la ciudad.

Al zapatero le ofrecieron un abogado, él dijo que no, que su crimen, si era crimen, no tenía reveses.

Habló con serenidad y dijo: el hombre muerto quería quitarme mi hogar, yo ponía suelas y tacones a los zapatos, zapatos muy feos de gentes que caminan mucho. La gente bien no compone sus zapatos, y los mejores no usan. Yo componía zapatos para darle a mi compañera toda esa ropa que ella tan bien revolea ¿Cuál camino, señores, era más corto? Y lo maté.

El fiscal: señores no os habréis de embaucar por las palabras simples de este simple, ya

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