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Biblioteca del Congreso Nacional de Chile — 42
“He oído aquí al señor General La Mar que el Supremo Director de Chile nada desea tanto como un Cong reso General de los Estados de América, y habla con entusiasmo de esta medida. Yo le dije en mi concepto era aceptable a Colombia y que no dudaba que propendiese a que se verificase” [1].


La importancia de los cabildos en el proceso de cambio

Francisco de Miranda había previsto que la emancipación hispanoamericana se aceleraría por la acefalía del imperio español causada por la invasión napoleónica. A propósito de ello, en marzo de 1798, en carta al Presidente de los Estados Unidos, John Adams le confía su temor de que un movimiento convulsivo en la Metrópolis generara sacudidas anárquicas en las colonias de América. Para contrarrestar esta posibilidad, Miranda veía en los Cabildos a la única institución colonial disponible para encauzar el movimiento revolucionario a través de una constitución federal, que lo hiciera representativo y deslindara bien las atribuciones del Ejecutivo y del Legislativo, evitando el caos y la anarquía del asambleísmo espontáneo [2].

En la introducción al presente capítulo se dio a conocer como Bernardo O’Higgins apoyó la participación del Cabildo, mayor mente a través del vocal Juan Martínez de Rozas, como un instrumento para conducir el proceso revolucionario hacia la representatividad democrática, a través de la convocatoria a un Congreso Nacional. El objetivo principal de este Congreso era elaborar una constitución que legitimara el proceso.

Estas ideas están presentes en diversos escritos de Miranda y alimentaron la tenacidad de Ber nardo en pro del Congreso de 1811, convencido de la necesidad de lanzar un proceso de aprendizaje republicano a pesar de la falta de cultura política.


El desarrollo de la ideología revolucionaria en el país

En lo que sigue se prescindirá del debate al interior de la historiografía chilena sobre el grado de influencia que pudieran haber tenido en la construcción de la ideología emancipatoria la doctrina escolástica española, la ilustración y el liberalismo francés, o elementos doctrinarios de la antigüedad clásica. Posiblemente, la postura más cierta al respecto es considerar que su diversidad de origen es aquello que mayor mente define a la ideología revolucionaria.

Mientras no hubo medios de impresión en Chile, Bernardo O’ Higgins participó en la etapa oral del desarrollo de la ideología revolucionaria, principalmente en las tertulias políticas en los domicilios de los abogados José Antonio Prieto y Juan Martínez de Rozas, en Concepción y, más adelante, una vez llegado a Santiago

  1. Ibíd. pp. 131-132. El historiador Luis Valencia deduce de esta comunicación que la idea era novedosa para hombres como Mosquera y Gual que pertenecían al círculo de los íntimos de Bolívar y que “no es improbable que la semilla llevada por este párrafo haya encontrado en Bogotá el ter reno fértil que hizo posible el Congreso de Panamá”.
  2. Ghymers, op. cit., pp. 174 -176.