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Biblioteca del Congreso Nacional de Chile — 18

Esta carta conservada constituye uno de los pocos documentos que dan a conocer lo que le preocupaba a Bernardo en aquel período de su vida [1]. Por ello, un cabal conocimiento de los hechos acaecidos en el tiempo inmediatamente anterior a su elección como diputado al Congreso de 1811.

La “revolución de 1810”, como la llamaba Bernardo, lo encontró como subdelegado de la Isla de la Laja [2]. Según relata a Mackenna, había prestado especial atención a la renuncia de Francisco Antonio García Carrasco [3]. La asoció con el nacimiento de un tipo de libertad que debía ser protegida. No se le ocultaba que esa protección exigía organización militar. Con su sentido práctico, se comprometió a organizar las fuerzas necesarias en la Isla de la Laja.

De acuerdo con un censo que él mismo realizó, entre los 34.000 habitantes de la Isla se encontraba un número de hombres suficientes como para crear dos buenos regimientos de caballería. A ellos se les podría adicionar un batallón de infantería compuesto por habitantes de la ciudad de Los Ángeles. Con sus inquilinos de Las Canteras y otros hombres formó el regimiento número dos de La Laja.

O’Higgins no imaginaba que esta acción suya le causaría uno de los mayores dolores morales de su vida. Habiendo ofrecido al Gobierno (la Primera Junta) estas fuerzas de caballería al mismo tiempo que sus propios servicios, sin pedir ninguna retribución, sólo esperaba que se le hiciera justicia nombrándolo coronel del regimiento número dos formado por él. No fue así porque el mismo Juan Martínez de Rozas [4], como integrante de la Primera Junta de Gobierno, gestionó este cargo para uno de sus cuñados, “que no tenía una sola cuadra de propiedad en la Laja” [5], y tres de nivel emejante para sus otros cuñados. “No puedo negarle que me sentí profundamente herido —decía el joven a Mackenna— al ver que se colocaba sobre mí a un oficial sin especiales merecimientos y que esto lo hacía el propio don Juan Rozas, a quien yo amaba y respetaba como a un padre” [6].

La grosera deslealtad de Martínez de Rozas llevó a Bernardo a comprender que sus poderosos títulos de hacendado podían transformarse en enemigos suyos al no ser respetados, por los motivos que fuesen, por las influencias domésticas, a las cuales él era ajeno. Por eso su primera reacción fue vender su ganado, arrendar su hacienda y marcharse a Buenos Aires a combatir como voluntario sin títulos por lo tanto, sin poder exigir puesto alguno y, por ello, no ser tratado con injusticia.

  1. Collier, Simon. “Ideas y políticas de la independencia de Chile 1808-1833”. Ed . Andrés Bello, Santiago de Chile, p. 214: “Bernardo O’Higgins fue ante todo un soldado, y soldado excelente; mas, a diferencia de otros grandes jefes de la revolución hispanoamericana, raras veces le tentó consignar en el papel sus móviles e ideas políticos”.
  2. El subdelegado venía a ser un gobernador civil. En 1806, O’Higgins había sido miembro del Cabildo de Chillán.
  3. García Carrasco fue un ingeniero militar español llegado a Chile en 1796 para revisar las defensas de Valparaíso. Entre 1808 y 1810 ejerció como Gobernador de Chile. Su llegada a este cargo fue a instancias de Juan Martínez de Rozas, su consejero legal.
  4. Más adelante se hablará más en detalle sobre este abogado de gran participación en el proceso revolucionario.
  5. Archivo Nacional, op. cit. T. I . p. 66
  6. Ibídem