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Biblioteca del Congreso Nacional de Chile — 13


Introducción

“Al descansar su pie sobre la playa de su nativa tierra, que no viera desde niño, don Bernardo O’Higgins, joven ahora de 22 años, instruido, acaudalado, patriota y secretamente revolucionario, no podía menos de sentir una impresión de profundo desaliento”.

Benjamín Vicuña Mackenna,

“El ostracismo del general don Bernardo O’Higgins”


Bernardo O’Higgins regresó a Chile, desde España, el 6 de septiembre de 1802, tras cinco meses de navegación en la fragata Aurora. Su padre, el virrey del Perú, había fallecido el año anterior en Lima con el deseo manifiesto de que el joven —al que llamó en su testamento privado Bernardo Riquelme— recibiera a su regreso de Europa “la mayor parte de su caudal, a excepción tan solo de algunos legados y obras pías que había meditado”.[1] Con este hecho esperaba que después de su muerte fuera reconocido como su único hijo.


“Primeramente mando mi alma a Dios que la creó y redimió — escribió el anciano por mano propia ante su amigo Tomás Delphin— [ ...] Item, mando que a don Bernardo Riquelme, luego que llegue de Europa, se le entregue la estancia de Las Canteras, existente en la provincia de La Concepción, de Chile, con tres mil cabezas de ganado
  1. Valencia Avaria, Luis. “Bernardo O’Higgins. El buen genio de América”, Editorial Universitaria, Santiago de Chile, 1980, p. 39