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Página:Don Sancho Garcia conde de Castilla.djvu/58

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(LVI)

 para imponerle el afrentoso lazo
 de una cadena, mientras Sancho dice
 qué castigo prescribe al infelice.
 La confusión que escuchas será parte
 de la que acabo, Alek, de relatarte.
Alek. ¡Mi Rey peligra, y tardo en su socorro!
 Cruel me fue; pero a tu auxilio corro.
 ¿Mas, qué veo? ¡Almanzor encadenado!
 ¡El rostro de mi Rey desfigurado!
 ¡Rendido viene con destino incierto!
 ¡O quién por libertarle hubiera muerto!

ESCENA III.
Los de la anterior, y Almanzor desarmado y
guardado por Tropa de Castellanos.

Alm. Del castellano vengador seguido,
 cargado de cadenas y vencido,
 abandonado de mi misma gente,
 mi corazón sin su vigor se siente.
 Del inmenso peligro en que me hallo,
 ¿quién me defenderá?
Alek. Tu buen vasallo:
 aquel Alek, aquel honrado y triste;
 aquel que por leal aborreciste;
 aquel, cuyo consejo si siguieras,
 en tan funesto lance no te vieras.
Alm. ¡Qué oigo! ¡Qué miro! ¡tú! tú me defiendes?
Alek. Pues ¿quién sino un leal? Pues qué, ¿pretendes
 te sirvan en los lances peligrosos
 los viles lisonjeros, los medrosos,
 que en tiempos más felices te siguieron,
 cuando solos placeres advirtieron?
 No, no señor. Los hombres semejantes

no