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DON DIEGO DE PEÑALOSA

que logrando el triunfo de mis adversarios en la soledad, no me quede lugar de anhelar á mayor dicha, ni tenga que temer jamás peligro, y aunque los tres empeños en que pongo á V. E. son tan crecidos á favor mío, mucho más aún fuera poco para lo que cabe en la regia y esclarecida grandeza de V. E., á cuya fama viene estrecho todo el orbe, con crédito de nuestra España, admiración de Inglaterra, que hoy goza la presencia de V. E., siendo á la patria honor lucido, al mundo veneración admirable, á los presentes merecida envidia y á los venideros imitación difícil. Guarde Dios la Excma. persona de V. E., feliz por muchos años, como deseamos y habernos menester los criados de V. E.— Gales 22 de Junio de 1673.— Don Diego de Peñalosa Briceño


Tan pagado quedó el diplomático de la lisonja, como convencido del arrepentimiento del perulero: así al remitir copia de la carta al Secretario de Estado, y dar cuenta de haber satisfecho las deudas añadía: «ahora puede ser vaya á Francia á fabricar nuevas quimeras: he dado parte de ello al Secretario que está en París para que se tenga cuidado de él [1]

No se engañaba, ni erraba tampoco el pretenso cartujo al admirar los misterios que no alcanzamos los humanos, en la trasformación rápida ocurrida desde que entró en París hambriento y sin blanca, hasta que ruaba bien portado luciendo la venera bermeja de Calatrava; se oía llamar Conde en la mesa de los potentados, y hallaba acogida en los círculos literarios y esposa que compartiera su vivienda.

Resorte principal en la mudanza fué un Mr. Cabart de Villermont, antiguo Gobernador de las islas Hyeres, persona que prestaba su influencia con miras interesadas. Por otros conceptos intervinieron el abate Eusebio Renaudot, académico, sabio orientalista, y su compañero en la redacción de la Gaceta de Francia y de El Mercurio Galante, el abate Bernou; el diplomático de la paz de Ryswick, Mr. de Gailléres y Mr. Moret, por los cuales se introdujo en el Ministerio de Marina y en los salones del Príncipe de Oonti , del Cardenal d'Estrés y otros personajes de la corte. Entonces á guisa de pasaporte hubo de fraguar la Relación del descubrimiento de la gran Quivira, presentada por él al Ministro, con ponderación de la gloria y la riqueza que Francia adquiriría ocupando aquella región.

El Marqués de Seignelay, que tenía á cargo la marina, había heredado de su padre la cartera, no el genio. Con empresas ruidosas preten-

  1. Archivo de Simancas. Copia de las remitidas.