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DE LA IMPRENTA EN FRANCIA

avertissements, vocablo que no es fácil traducir, y que todo el mundo comprende, siendo por lo tanto inútil buscarle exacto equivalente en castellano al tratar de una facultad del Gobierno que en España no ha existido hasta abora. En esta especie de avisos ó amonestaciones, se guardaba cierta escala: el primero y segundo venian á ser como apercibimiento y amago; al ser fulminado el tercero podía ser suprimido el diario que habia vuelto á excitar la cólera del Gobierno, y como los periódicos además de arma política son entre nuestros vecinos empresas mercantiles y representan capitales crecidos, el peligro era de tal naturaleza, é infundía tal temor, que tenia contenidos á los periodistas, al propio tiempo que dejaba en manos de la autoridad el derecho de suprimir un diario cuando le parecía sobradamente hostil, ó dañoso. Aun hubiera sido esta facultad en parte ilusoria á no reservarse el Gobierno otra que viene á ser como el complemento de la de suprimir, y es la de la autorización previa sin cuyo requisito ningún diario podia de nuevo publicarse, adquiriendo la ley bajo este concepto el carácter de preventiva. También se ha de tener en cuenta que la represión, pues que en rigor represión era la de las advertencias, no estaba confiada á una autoridad más ó menos independiente é imparcial, como se presume que ha de ser la de los tribunales : sino que la administración misma se reservaba su uso discrecional llegando á ser juez y parte en caso de que la ofendieran y agraviasen los periodistas.

Habia vivido esta legislacion por espacio de unos quince años, desde el decreto de 17 de Febrero del año de 52, y todos estos rigores y precauciones habian sido consentidos y aun acaso reclamados por la opinión pública, después de los gravísimos peligros que corrió la sociedad francesa, á consecuencia de la revolución de 1848, y de ellos se habia hecho uso con más ó menos moderación, según las circunstancias y tiempos; algunos periódicos, no muchos, habían sido suprimidos: otros conservaban cierta independencia relativa, á condición de huir de terrenos escabrosos, y de no aproximarse á materias inflamables. Lamentábanse en general de esta situación todos los enemigos del Gobierno, todos los periódicos con excepción de los que le eran afectos, y además entre las gentes ímparciales, algunas que aun conservan fe en la luz de la verdad por la cual suponen se puede guiar el género humano en medio de las contradicciones, oscuridad y laberintos de la discusión cuotidiana. Durante largo tiempo hizo poco aprecio de estos