Página:Daany Beédxe.djvu/92

Esta página ha sido corregida

Relámpago de la Noche, con algunos alumnos sobresalientes de La Casa de la Medida, se sumaron a la comitiva luctuosa. Durante el camino Águila Nocturna platicó ampliamente sobre la muerte.

—La vida y la muerte forman un par, opuesto y complementario —dijo Relámpago de la Noche—. No podemos llegar a tener conciencia de la vida, si no tenemos conciencia de la muerte. Pero no de la muerte en abstracto, sino de nuestra propia muerte. La única certeza que tenemos en la vida, es que nos vamos a morir. Por esto, los Viejos Abuelos nos mantienen presente, en todos sus mensajes a la muerte, como parte fundamental de la vida. El desafío es cobrar verdaderamente conciencia de la muerte. Valorar la vida y actuar en consecuencia, aprovechando, cada instante y cada acto, como si fuera el último de nuestra existencia. Si actuáramos de esa manera todos los días, no desperdiciaríamos la maravillosa oportunidad de estar vivos. No tendríamos tiempo de sentirnos tristes, enojados o frustrados; frente a la muerte, todo lo demás, se convierte en lo de menos. Si no es así, de todos modos la muerte es tan generosa, que nos libera de nuestra estupidez, tarde o temprano.

Al llegar a Mictlán, Relámpago de la Noche llevó a los jóvenes a conocer los impresionantes edificios. La Ciudad de los Muertos fue construida en ese sitio, por los Viejos Abuelos en el remoto origen de los tiempos; ya que ahí, la tierra succiona la energía de la atmósfera y la conduce a sus entrañas; además existe una profunda gruta, que nadie le ha encontrado el fin, por lo que se cree, que llega hasta las mismas puertas del palacio del Señor de la Muerte. En torno a la entrada de la gruta, se construyó el edificio principal, que como todos los edificios, tiene en sus paredes decoradas con tableros, que tienen grecas formadas por pequeñas piedras, muy bien pulidas y ensambladas sin argamasa. Estas grecas representan la imagen de la vida, a través del rayo asociación del agua; el símbolo de la Serpiente Emplumada y su soplo divino, dador de conciencia, a través del caracol cortado de manera transversal; la imagen del sacrificio, que el hombre debe hacer, en la búsqueda del equilibrio, a través de un símbolo, parecido a la letra "S"; y finalmente, la representación de este anhelado equilibrio, entre espíritu y materia, entre lo conocido y lo

92