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La partera, mujer sabia y conocedora de la naturaleza, se dio cuenta que ésa noche caería una gran tormenta y nacería el niño. La paz del pueblo fue rota por un relámpago, que primero iluminó el valle y después estremeció los cuerpos con un fortísimo trueno. La lluvia se precipitó como por mandato, desde el primer momento cayó abundante y se mantuvo toda la noche.

Las mujeres jóvenes se pusieron a rezar y la partera con cuatro mujeres de experiencia empezaron a trabajar. Los gritos de dolor eran opacados por los truenos y el ruido del agua al golpear la tierra. Flor Menudita luchaba con fuerza, en medio de grandes dolores, por traer al mundo a su hijo.

Fue en la madrugada cuando terminó la gran tormenta. De la misma manera en que empezó, se desprendió del cielo un luminoso relámpago, como nunca antes se había visto y su potente trueno anunció el nacimiento del niño; mientras una inmensa águila volaba en torno a la casa del recién nacido.

El trueno despertó a todo el pueblo, quien pudo escuchar en el extraño silencio que dejo la tempestad, el grito del niño y vio el extraño vuelo nocturno de la majestuosa ave, que caló profundo en el corazón de todos.

Entonces la partera tomó al niño y le dijo:

—"Se muy bienvenido, amado niño. Sabemos de los trabajos que has tenido para llegar a este mundo, lleno de fatigas y sufrimiento. No sabemos que dones y ventura te han dado los dioses, esperamos que seas digno heredero de tus padres y tus abuelos, y que logres florecer entre nosotros". Al terminar de hablar, la partera le cortó el ombligo al niño y enterró la placenta con Garra de Jaguar el patio de la casa. Para después lavar y poner a secar el ombligo en un recipiente de barro que tenía olorosas hierbas.

En la casa todo era alegría en torno a la pareja y su vástago, se encontraba reunida toda la familia. Como era costumbre, el más

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